Pulsa una tecla, di lo que quieras, y el texto aparece ya redactado donde tengas el cursor. En el correo, en el chat, en el navegador o en tu editor. Sin copiar y pegar, sin cambiar de ventana.
Para Windows 10 y 11. Sin tarjeta para la prueba.
Vive en la bandeja del sistema. No tienes que ir a ninguna parte.
Por defecto, AltGr. Aparece una burbuja discreta que te confirma que está escuchando. El micrófono solo se abre cuando tú lo pides.
Con tus «eh», tus rodeos y tus rectificaciones a media frase. No hace falta que dictes bonito: de eso se encarga la aplicación.
Redactado y con su puntuación, insertado justo donde tenías el cursor, en la aplicación que estuvieras usando.
No es un dictado que transcribe. Es un dictado que redacta.
Outlook, Gmail, Word, Slack, WhatsApp Web, Visual Studio Code o el buscador del Explorador. Si puedes escribir ahí, puedes dictar ahí.
Un perfil para el día a día, otro para correo formal, otro para ordenar ideas sueltas, y uno que transcribe literal sin tocar nada. Se cambia sobre la marcha, sin soltar el atajo.
Nombres propios, jerga de tu sector, apellidos imposibles. Los añades a tu diccionario y dejan de salir mal.
Segundos, no minutos. La transcripción corre sobre hardware específico para ello, y todo el camino está pensado para que no notes la espera.
Todo lo que dictas se guarda solo en tu equipo, en tu disco. Nosotros no tenemos copia ni forma de leerlo.
Se enciende con Windows si tú quieres, se queda en la bandeja y no vuelve a molestarte. También puedes desactivarlo con una casilla.
Conviene saberlo antes de instalar nada que oiga lo que dices.
No hay escucha permanente ni palabra de activación. Y tras un rato sin usarlo, el micrófono se cierra del todo.
Se envía cifrado, se convierte en texto y se descarta. Ni se guarda en nuestros servidores ni se usa para entrenar modelos.
El historial vive en tu disco y lo borras cuando quieras. Lo pagas con una suscripción, no con tus datos.
Dictaly nació porque las alternativas costaban tres y seis veces más por hacer lo mismo. Ese sigue siendo el argumento.
15 horas al mes son más de 100.000 palabras: una novela entera.
Si escribes, no vas a llegar al límite. Los 5 días de prueba no piden tarjeta.
Precios con impuestos incluidos. Fuera de España se aplica el impuesto que
corresponda a tu país, y lo verás antes de pagar.
Sin tarjeta y sin compromiso. Si a los cinco días no te ha convertido, desinstalas y no ha pasado nada.
Windows 10 y 11 (64 bits). Necesita conexión a internet para dictar.
En español y en más de noventa idiomas más. Puedes fijar el idioma o dejar que lo detecte solo.
Es muy poco probable. Quince horas de habla son más de cien mil palabras al mes. Solo llegarías ahí transcribiendo grabaciones largas, que no es para lo que está pensado. Si te acercas al límite, la propia aplicación te avisa, y el contador se reinicia el día 1.
Para dictar con la suscripción, no: el procesado ocurre en el servidor. La aplicación incluye además un modo local que funciona sin conexión, a cambio de más lentitud y algo menos de precisión.
Sigues dictando hasta que termine el periodo que ya pagaste. Después, la aplicación se queda instalada y tu historial intacto en tu equipo.
Hoy solo Windows. Android está en camino; para Mac y iPhone no hay fecha, porque el sistema no permite el mismo funcionamiento.
No. La suscripción lo incluye todo: no tienes que registrarte en ningún otro sitio, ni configurar claves, ni pagar consumo aparte. Instalas, dictas y ya está.
Si descargas el instalador directo, puede aparecer un aviso de SmartScreen las primeras veces, hasta que el fichero acumule reputación. Instalándolo desde la Microsoft Store no ocurre.