Pulsa una tecla, di lo que quieras, y el texto aparece ya redactado donde tengas el cursor. Sin copiar y pegar. Sin cambiar de ventana.
AltGr → hablas → el texto entra donde estaba el cursor
Vive en la bandeja del sistema. No tienes que ir a ninguna parte.
AltGr por defecto. Una burbuja discreta confirma que está escuchando. El micrófono solo se abre cuando tú lo pides.
Con tus «eh», tus rodeos y tus rectificaciones a media frase. No hace falta dictar bonito: de eso se encarga la aplicación.
Redactado y con su puntuación, justo donde tenías el cursor, en la aplicación que estuvieras usando.
Escritos y notas de expediente dictados entre vista y vista. El diccionario aprende nombres de partes y juzgados.
Evoluciones e informes sin apartar la vista del paciente. La terminología clínica deja de salir mal.
El seguimiento en el CRM, dictado en el coche al salir de la visita. Correos de propuesta en un minuto.
Descripciones de PR, issues y prompts largos. Directo en el editor o en el navegador, sin salir del flujo.
Respuestas escritas al ritmo al que se piensan. Un perfil formal para el cliente y otro para las notas internas.
Periodismo, docencia, consultoría. Un borrador entero mientras paseas por el despacho.
Si puedes escribir ahí, puedes dictar ahí. Sin extensiones ni integraciones.
Día a día, correo formal, ordenar ideas sueltas, o literal sin tocar nada. Se cambia sin soltar el atajo.
Nombres propios, jerga de tu sector, apellidos imposibles. Los añades y dejan de salir mal.
Segundos, no minutos. Hardware específico para transcripción y un camino pensado para que no notes la espera.
Todo lo que dictas se guarda solo en tu disco. No tenemos copia ni forma de leerlo.
Se enciende con Windows si tú quieres, se queda en la bandeja y no vuelve a molestarte.
Dictaly nació porque las alternativas costaban tres y seis veces más por hacer lo mismo. Ese sigue siendo el argumento.
Precios de referencia del mercado en el momento de publicar. No nombramos a nadie.
Conviene saberlo antes de instalar nada que oiga lo que dices.
No hay escucha permanente ni palabra de activación. Tras un rato sin usarlo, se cierra del todo.
Se envía cifrado, se convierte en texto y se descarta. Ni se guarda ni se usa para entrenar modelos.
El historial vive en tu disco y lo borras cuando quieras. Lo pagas con una suscripción, no con tus datos.
15 horas de dictado al mes: más de 100.000 palabras. Una novela entera.
Los 5 días de prueba no piden tarjeta. Precios con impuestos incluidos; fuera de España se aplica el impuesto de tu país y lo verás antes de pagar.
En español y en más de noventa idiomas más. Puedes fijar el idioma o dejar que lo detecte solo.
Es muy poco probable: son más de cien mil palabras al mes. Solo llegarías ahí transcribiendo grabaciones largas, que no es para lo que está pensado. Si te acercas al límite, la aplicación te avisa, y el contador se reinicia el día 1.
Para dictar con la suscripción, no: el procesado ocurre en el servidor. La aplicación incluye además un modo local que funciona sin conexión, a cambio de más lentitud y algo menos de precisión.
Sigues dictando hasta que termine el periodo que ya pagaste. Después, la aplicación se queda instalada y tu historial intacto en tu equipo.
Hoy solo Windows. Android está en camino; para Mac y iPhone no hay fecha, porque el sistema no permite el mismo funcionamiento.
No. La suscripción lo incluye todo: sin registrarte en otro sitio, sin configurar claves, sin pagar consumo aparte.
Si descargas el instalador directo, puede aparecer un aviso de SmartScreen las primeras veces, hasta que el fichero acumule reputación. Desde la Microsoft Store no ocurre.
Sin tarjeta y sin compromiso. Si a los cinco días no te ha convertido, desinstalas y no ha pasado nada.
Windows 10 y 11 (64 bits) · Necesita conexión para dictar